
La demanda nacional se consolida como el principal pilar del crecimiento.
La Cámara de España prevé un crecimiento del 2,3% para 2026 y del 2,0% en 2027.
Productividad y reducción del endeudamiento público, principales retos de la economía española.
Madrid, 30/07/26.- La economía española ha mantenido un notable dinamismo durante el segundo trimestre de 2026, registrando un crecimiento interanual del 2,7%, según el avance de la Contabilidad Nacional trimestral publicado hoy por el INE. Esta tasa coincide con la observada en el trimestre precedente y confirma la capacidad de la economía española para sostener un elevado ritmo de expansión en un contexto internacional caracterizado por una elevada incertidumbre. En términos trimestrales, el PIB avanzó un 0,7%, una décima más que en el arranque del año.
El crecimiento continuó apoyándose principalmente en la fortaleza de la demanda nacional, cuya aportación al crecimiento se situó en 3,3 puntos porcentuales. Destaca especialmente el comportamiento del consumo de los hogares, que mantuvo un sólido crecimiento interanual del 3,2% y aceleró ligeramente su avance trimestral hasta el 0,7%. Por su parte, el gasto de las Administraciones Públicas registró un crecimiento del 2,7% interanual y del 0,3% trimestral, contribuyendo igualmente al sostenimiento de la actividad económica.
La inversión mantuvo una evolución favorable a pesar del contexto de incertidumbre internacional. La formación bruta de capital fijo registró un crecimiento interanual del 5,1% y un avance trimestral del 0,4%. Entre sus componentes, destacó el dinamismo de la inversión en viviendas y otras construcciones, que creció un 5,2% interanual, mientras que la destinada a maquinaria y bienes de equipo avanzó un 3,0%. Esta última se desaceleró 3 décimas respecto al trimestre anterior.
Por lo que respecta al sector exterior, las exportaciones de bienes y servicios mostraron una recuperación en términos trimestrales, con un crecimiento del 0,8%, aunque su tasa interanual se moderó hasta un 0,3%. Las importaciones también registraron avances, tanto en comparación con el trimestre anterior (0,6%) como en términos interanuales (2,1%). La aportación negativa al crecimiento de la demanda externa se redujo 2 décimas porcentuales (-0,6 puntos).
El mercado laboral mantuvo una evolución positiva durante el segundo trimestre del año, aunque mostró una cierta moderación respecto al arranque de 2026. La ocupación aumentó un 0,4% en términos trimestrales, tres décimas menos que en el trimestre precedente, mientras que el crecimiento interanual se situó en el 2,3%, frente al 2,8% registrado en los primeros meses del año. Pese a esta desaceleración, la creación de empleo continúa avanzando a un ritmo notable y compatible con la solidez que sigue mostrando la actividad económica. No en vano, se han creado cerca de 481.000 puestos de trabajo equivalente a tiempo completo en el último año.
La menor intensidad del crecimiento del empleo en comparación con el trimestre anterior, unida al mantenimiento de un elevado ritmo de expansión del PIB, ha permitido una mejora de la productividad aparente del trabajo. En concreto, esta experimentó un avance estimado del 0,4% en términos interanuales y del 0,3% respecto al trimestre precedente, modulando la dinámica de debilidad observada en trimestres anteriores.
Perspectivas y recomendaciones de la Cámara de España
La evolución de la economía española durante el segundo trimestre del año confirma la capacidad de resistencia que viene mostrando la actividad económica en un entorno internacional particularmente complejo. A pesar de la persistencia de numerosos focos de incertidumbre, el crecimiento del PIB se mantiene en tasas elevadas apoyado en la fortaleza de la demanda nacional. Esta situación permite que la Cámara de España mantenga sin cambios sus previsiones de crecimiento para 2026 y 2027 (2,3% y 2,0%, respectivamente).
La evolución de la inflación seguirá siendo uno de los elementos determinantes a corto y medio plazo. La reactivación de las tensiones en Oriente Medio y la incertidumbre asociada a la seguridad de algunas de las principales rutas navales han vuelto a poner el foco sobre los mercados energéticos. Sin embargo, la respuesta de los precios de la energía (petróleo y gas natural) ha resultado hasta el momento más contenida de lo que se anticipaba al inicio de las hostilidades, limitando su impacto sobre los costes de producción, de transporte y, por ende, en la inflación, que ha registrado subidas, pero no tan intensas como las que se esperaba. Por otro lado, la creciente relevancia estratégica de las materias primas y minerales críticos, cuyo suministro está altamente expuesto a riesgos internacionales, podría trasladar cualquier alteración en su disponibilidad a las cadenas industriales europeas. Éste continuará siendo un factor de riesgo que conviene seguir con atención.
En este contexto, las empresas avanzan en estrategias de diversificación de mercados, proveedores y cadenas de suministros con el objetivo de reforzar su resistencia frente a potenciales perturbaciones. Al mismo tiempo, la Unión Europea continúa reforzando acuerdos comerciales con socios estratégicos e impulsando iniciativas de conectividad e inversión exterior. En este sentido, la plena aplicación de los acuerdos comerciales como el firmado con Mercosur hace ya algún tiempo o, más recientemente, la India, podrían contribuir a generar nuevas oportunidades de negocio e inversión, así como a mejorar la seguridad y diversificación de los flujos comerciales a medio plazo.
En el ámbito interno cabe destacar la solidez de los principales fundamentos de la economía española. La creación de empleo continúa siendo uno de los principales soportes del crecimiento, lo que sigue favoreciendo el mantenimiento de unos niveles de consumo relativamente elevados. Asimismo, la inversión empresarial prosigue con un comportamiento positivo, elemento fundamental para reforzar la competitividad de la economía a medio plazo.
Por otra parte, la mejora de la productividad debe continuar siendo una prioridad estratégica para la economía española. El crecimiento económico sostenible a largo plazo depende cada vez más de la capacidad para generar ganancias de eficiencia, incorporar innovación y elevar el valor añadido de la actividad productiva. La creciente competencia internacional, la transformación tecnológica y los desafíos demográficos exigen avanzar hacia un modelo económico capaz de sostener incrementos de renta y bienestar apoyados en mejoras permanentes de productividad.
En este contexto, resulta imprescindible impulsar medidas que favorezcan el crecimiento empresarial, la inversión productiva, la innovación y el fortalecimiento del capital humano. Las empresas deben situarse en el centro de la política económica como principal motor de creación de empleo, inversión y generación de riqueza. Al mismo tiempo, sigue siendo necesario avanzar en una estrategia creíble de consolidación fiscal a medio plazo que contribuya a reforzar la sostenibilidad de las finanzas públicas mediante mejoras de eficiencia en el gasto y no a través de incrementos adicionales de la presión fiscal. El fortalecimiento de la competitividad empresarial y el aumento de la productividad son claves para sostener el crecimiento en los próximos años.